La candidata presidencial del Centro Democrático puso el dedo en una herida sensible para millones de colombianos que usan la moto no como lujo, sino como herramienta de trabajo, transporte y supervivencia diaria. El anuncio, hecho desde Pereira, busca cobijar especialmente a motociclistas de estratos 1, 2 y 3, uno de los sectores más numerosos, golpeados y decisivos en cualquier elección nacional.
Pero esta propuesta suena a populismo con casco más que a un alivio social porque una cosa es reconocer que el SOAT se volvió impagable para muchos hogares, y otra muy distinta es prometer que el Estado pagará la cuenta sin explicar con absoluta claridad de dónde saldrá la plata, cómo se evitará el abuso del sistema y qué impacto tendrá sobre las finanzas públicas. En campaña todo suena fácil pero en el gobierno la factura siempre llega.
Electoralmente, la propuesta es potente puesto que las motos son el vehículo de los domiciliarios, trabajadores independientes, mensajeros, obreros, estudiantes, madres cabeza de hogar y ciudadanos que no encontraron en el transporte público una respuesta suficiente. Hablarles a ellos es hablarle a una Colombia real, cansada de impuestos, seguros caros, peajes, gasolina alta y promesas incumplidas. Paloma entendió que la batalla presidencial no solo se gana en los debates ni en los auditorios empresariales: también se disputa en los semáforos, en los talleres, en las estaciones de gasolina y en los parqueaderos de barrio.
El problema es que una campaña presidencial no puede reducirse a regalar alivios sin mostrar el tablero completo. Si la propuesta viene acompañada de una reforma seria al SOAT, control al fraude, sostenibilidad financiera y protección efectiva a las víctimas de accidentes, puede abrir un debate necesario. Pero si se queda en frase de tarima, será apenas otra promesa de temporada, bonita para el aplauso, peligrosa para el presupuesto y perfecta para encender motores en plena carrera electoral.




