Cepeda arriba, derecha dividida y el centro en cuidados intensivos; encuesta de intención de voto antes de los atentados en el Cauca

La medición de Invamer confirma que Iván Cepeda llega fortalecido, mientras Abelardo De La Espriella y Paloma Valencia se disputan, voto a voto, el tiquete para enfrentarlo en segunda vuelta. Pero hay un dato clave y es que la encuesta fue tomada antes de conocerse la dimensión de los atentados en Cauca.

La más reciente encuesta Invamer volvió a mover el tablero presidencial y dejó una fotografía incómoda para varios sectores: Iván Cepeda aparece liderando la intención de voto con el 44,3 %, muy cerca de poner a temblar la lógica tradicional de la segunda vuelta.

Detrás vienen Abelardo De La Espriella, con 21,5 %, y Paloma Valencia, con 19,8 %, en una pelea cerrada por convertirse en la carta de la derecha. El centro, por ahora, parece haberse quedado sin oxígeno; nombres como Claudia López y Sergio Fajardo aparecen por debajo del 6 %.

Pero esta encuesta tiene una letra menuda que no se puede pasar por alto y es que fue realizada antes de que el país conociera el impacto de los atentados en Cauca, donde una nueva ola de violencia dejó muertos, heridos y un clima de indignación nacional.

Ese hecho puede alterar la conversación pública, porque en Colombia la seguridad mueve emociones y también votos. Cuando la guerra vuelve a aparecer en las carreteras, en los pueblos y en los titulares, el debate deja de ser únicamente ideológico.

Cepeda llega fuerte, con una izquierda que conserva maquinaria emocional, discurso de cambio y una base electoral disciplinada, pero la derecha también se reorganiza con De La Espriella que crece con un tono duro, frontal y antipetrista; Paloma Valencia pega un salto significativo y se mete de lleno en la pelea.

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Ahora la inquietud es quién será el contendor en segunda vuelta, capaz de concentrar el voto de quienes no quieren continuidad del proyecto político del Pacto Histórico, y en ese cálculo, los votos del centro —hoy dispersos, huérfanos y desencantados— pueden terminar siendo la llave de la Casa de Nariño.

La encuesta muestra una tendencia, no una sentencia. Antes del Cauca, Cepeda parecía caminar con ventaja hacia junio; después del Cauca, el país puede empezar a votar con otra temperatura. La violencia, el miedo, la indignación y el cansancio ciudadano pueden reabrir una discusión que el petrismo creía tener controlada.

Porque una cosa es medir intención de voto en ambiente de campaña, y otra muy distinta es medirla cuando la realidad golpea con sangre, explosivos y preguntas que ningún discurso puede maquillar. Ahí es donde las encuestas dejan de ser foto y empiezan a convertirse en advertencia.

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