Angie Rodríguez, exdirectora del Dapre y actual gerente del Fondo Adaptación, decidió romper el silencio y lo hizo con dinamita política, pues denunció una supuesta red de corrupción, espionaje, amenazas y persecución dentro del propio Gobierno de Gustavo Petro.
Según sus declaraciones, más de veinte personas habrían participado en una campaña para sacarla del Ejecutivo, en medio de una disputa por el control de una entidad que maneja cerca de un billón de pesos. Entre los nombres señalados aparecen Carlos Carrillo, director de la UNGRD; Juliana Guerrero, cercana al presidente; Raúl Moreno, jefe de despacho presidencial; y otros funcionarios de alto nivel. Rodríguez incluso afirmó que lo suyo no sería una simple pelea burocrática, sino una estructura con rasgos de inteligencia y presión organizada.
El caso tiene todos los ingredientes del despelote nacional: acusaciones cruzadas, audios mencionados, supuestos espías, amenazas, extorsiones, títulos falsos, peleas por cargos y una Casa de Nariño que parece más ocupada apagando incendios internos que gobernando. Rodríguez asegura que Carrillo habría tenido un informante dentro del Fondo Adaptación y que la ofensiva en su contra comenzó después de que ella cuestionara la ejecución de recursos de la UNGRD en La Mojana. También señaló a Juliana Guerrero, a quien acusa de moverse “bajo las sombras del poder” y de haber tomado represalias luego de que ella frenara su posible nombramiento por el escándalo de presuntos títulos universitarios falsos. Carrillo, por su parte, negó los señalamientos y dijo que Rodríguez estaría generando una “tormenta mediática” para hacerle daño al Gobierno antes de las elecciones.
Pero el asunto se volvió todavía más incómodo porque Rodríguez no habla desde la oposición, ni desde una esquina uribista, ni desde una tribuna enemiga del petrismo, habla desde adentro. Fue ficha de confianza, estuvo en el corazón administrativo de la Presidencia y conoce los pasillos donde se firman contratos, se mueven hojas de vida y se reparten cuotas de poder. Por eso sus declaraciones golpean más duro: no vienen de quien quiere tumbar el proyecto, sino de alguien que dice haberlo defendido y que ahora advierte que al presidente lo estarían engañando o aislando.
El problema para Petro es que este nuevo escándalo cae cuando intenta cerrar su gobierno mostrando resultados y empujando la continuidad política de Iván Cepeda, justo en medio de una campaña presidencial que ya venía cargada de dudas, fracturas y desgaste.
¿Puede ser una cortina de humo? La pregunta no es menor, pues en política, cuando un gobierno está cercado por crisis de salud, seguridad, corrupción, tensiones electorales y peleas internas, siempre aparece la sospecha de que un escándalo tapa otro. Pero aquí la cortina, si existe, también está incendiada, porque mientras se habla de la vida privada del presidente, de rumores sentimentales o de peleas personales, el fondo del asunto sigue siendo mucho más grave: contratos, recursos públicos, poder burocrático y presuntas redes enquistadas en entidades sensibles. Petro, de hecho, respondió más rápido a las insinuaciones sobre su vida sentimental que al centro de la denuncia que es la supuesta persecución sistemática y las presuntas irregularidades dentro de su administración.
Lo de Angie Rodríguez deja una fotografía preocupante sobre un gobierno que llegó prometiendo cambiar las prácticas de la política tradicional y termina atrapado en las mismas palabras que antes denunciaba, como son cuotas, roscas, contratos, favores, venganzas y fuego amigo. Falta que la Fiscalía y los organismos de control determinen qué es cierto, qué es exageración y qué puede constituir delito. Pero políticamente el daño ya está hecho.
Si todo es falso, el Gobierno tiene un problema monumental de desorden interno. Si algo es cierto, el problema es mucho peor porque significaría que el cambio terminó devorado por sus propios operadores. Y en cualquiera de los dos escenarios, el ciudadano queda con la misma sensación y es que en la Casa de Nariño ya no se sabe quién gobierna, quién conspira y quién está contando apenas una parte del despelote.




