La política colombiana cerró una semana cargada de salidas en falso, choques institucionales y decisiones que vuelven a poner sobre la mesa una pregunta incómoda ¿están los líderes políticos conduciendo el debate nacional o simplemente empujándolo al espectáculo?
En plena campaña presidencial, Abelardo De La Espriella volvió a ocupar el centro de la controversia, no por una propuesta de fondo, sino por comentarios y episodios que abrieron una discusión sobre machismo, trato a periodistas y uso de la provocación como estrategia electoral. Sus cruces con comunicadoras, sus frases subidas de tono y la forma como ha convertido la agresividad verbal en marca de campaña encendieron críticas desde distintos sectores.
El problema para De La Espriella no es solo el escándalo puntual, sino la señal política que deja, pues mientras intenta venderse como candidato de autoridad, orden y carácter, sus polémicas terminan desviando la conversación hacia su temperamento, sus excesos y su relación con la prensa.
La FLIP incluso advirtió que este tipo de comportamientos contra periodistas no se puede normalizar, mientras el debate público empieza a preguntarse si la campaña del Tigre está rugiendo con propuestas o apenas arañando titulares a punta de provocaciones.
Pero mientras la campaña se calienta por el lado de De La Espriella, el Gobierno Petro también tuvo su propia semana de turbulencias. El Consejo de Estado suspendió el Decreto 415 de 2026, con el que el Ejecutivo buscaba mover recursos desde los fondos privados hacia Colpensiones. La decisión frenó el traslado de billones de pesos y reabrió el choque entre el presidente y las cortes, en un tema especialmente sensible como lo es el ahorro pensional de millones de colombianos. Petro respondió anunciando nuevos decretos, pero el pulso institucional ya quedó instalado: el Gobierno insiste, las cortes frenan y el país mira con desconfianza quién tiene realmente la razón cuando se habla de plata pensional.
A ese choque se sumó otro frente explosivo que fue la solicitud del Gobierno para suspender órdenes de captura contra 29 integrantes del Clan del Golfo, en el marco de las Zonas de Ubicación Temporal de la política de Paz Total. La Fiscalía, encabezada por Luz Adriana Camargo, se mantuvo firme en no suspenderlas por ahora, pese a la reunión con el consejero comisionado de Paz, Otty Patiño.
En campaña, este tema cayó como gasolina sobre fuego, pues para los críticos, el Gobierno sigue enviando señales de debilidad frente a estructuras criminales; para la Casa de Nariño, se trata de abrir caminos de negociación. El problema es que, en seguridad, las formas pesan tanto como el fondo.
Así se movió la semana política: De La Espriella embarrado en su propio estilo, Petro enredado con las cortes por las pensiones y la Paz Total otra vez bajo sospecha por el Clan del Golfo. Tres escenas distintas, una misma conclusión: Colombia entra a la recta caliente de la campaña con más ruido que claridad, más cálculo que pedagogía y más pulso de poder que respuestas concretas para los ciudadanos. En medio de tanto grito, la pregunta no es quién habla más duro, sino quién está realmente preparado para gobernar sin convertir cada crisis en otro espectáculo nacional.




