El Partido de La U oficializó su respaldo a la candidatura de Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo, y con eso volvió a confirmar una vieja costumbre de la política colombiana, cuando se acercan las urnas, las ideologías se vuelven sorprendentemente flexibles.
En su comunicado, la colectividad habla de estabilidad institucional, bienestar social y hasta de una postura de ‘centro’, pero termina abrazando una candidatura que el país identifica claramente con la derecha.
Lo curioso no es solo el apoyo, sino el empaque. La U quiere vender esta alianza como si fuera una decisión elevada, casi patriótica, cuando en realidad huele mucho más a cálculo que a convicción. Porque cuando un partido siente la necesidad de explicar tanto que actúa por “responsabilidad con los colombianos”, normalmente lo que está tratando de ocultar es algo más simple como decir que ya hizo cuentas, ya leyó encuestas y ya decidió no quedarse viendo desde la tribuna cómo otros reparten el poder.
El punto de fondo es que si La U dice representar el centro, pero termina alineada con una candidatura de derecha porque la considera competitiva, entonces lo que queda al descubierto no es su amplitud, sino su ambigüedad.
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Paloma Valencia aparece en el tercer lugar de intención de voto, en plena recta final hacia la primera vuelta del 31 de mayo de 2026, y eso hace todavía más evidente que esta adhesión no nace precisamente del amor por una plataforma programática, sino del instinto de conservación y es normal que en política cada quien busque sobrevivir.
Lo de La U con Paloma reordena respaldos y desnuda el estado real de muchos partidos en Colombia que hablan de principios y de identidad, pero se mueven al ritmo del viento electoral.




