Según publicaciones que circularon en redes y medios digitales, el grupo estuvo acompañado por León Fredy Muñoz, figura cercana al proyecto progresista, y fue recibido por ciudadanos que convirtieron el acto político en una protesta pública contra el Gobierno Petro y contra la izquierda en campaña.
El episodio no fue menor porque ocurrió en un territorio simbólico, el Oriente antioqueño, y particularmente municipios como El Retiro, suelen expresar una sensibilidad política distante del proyecto de Gustavo Petro y del Pacto Histórico.
Allí, la campaña de Cepeda no solo enfrenta una barrera electoral, enfrenta una barrera emocional, cultural y política. Mientras su candidatura intenta abrirse espacio en Antioquia con llamados al diálogo nacional, sus discursos recientes en Medellín también han estado marcados por choques directos con el uribismo y por señalamientos sobre la historia política del departamento, lo que ha encendido aún más la confrontación.
La presencia de León Fredy Muñoz tampoco pasó inadvertida, pese a que la Corte Suprema de Justicia lo absolvió en 2024 dentro del proceso por tráfico de estupefacientes, el caso dejó una marca política que sus contradictores siguen usando como munición en la plaza pública.
La propia Corte recordó que el proceso estuvo relacionado con el hallazgo de estupefacientes en su maleta en el aeropuerto José María Córdova en 2018, aunque concluyó que no se demostraron los elementos subjetivos para condenarlo. Esa sombra, aunque jurídicamente cerrada, políticamente sigue abierta en una región donde la memoria electoral suele ser implacable.
Lo ocurrido en El Retiro no puede leerse apenas como un rifirrafe de domingo, es una postal anticipada de la campaña presidencial de 2026: plazas calientes, ciudadanos endurecidos, redes sociales como tribunal instantáneo y una disputa en la que el rechazo pesa tanto como la adhesión.
Cepeda podrá sumar respaldos de sectores liberales y figuras nacionales, como ya ha ocurrido en la recta final electoral, pero Antioquia vuelve a recordarle al petrismo que no basta con llegar a una plaza para conquistarla. En El Retiro, al menos por ahora, la calle habló duro y el progresismo puede hacer campaña, pero no necesariamente hacer casa.




