La publicación de BBC Mundo, titulada “5 gráficos que muestran la Colombia que heredará el próximo presidente”, pone sobre la mesa una verdad incómoda para la campaña presidencial y es que el país no cabe en un eslogan.
Colombia llega a las elecciones con indicadores económicos que el Gobierno de Gustavo Petro puede mostrar como logro, pero también con un deterioro en seguridad, salud y confianza ciudadana que ningún candidato serio debería minimizar.
El dato más duro es político antes que estadístico, según la encuesta Colombia Opina de Invamer citada por BBC Mundo, el 40,8 % de los colombianos considera que el orden público es el principal problema del país. Eso explica por qué la derecha ha convertido la seguridad en bandera electoral, pero también evidencia una falla de fondo del actual Gobierno puesto que la llamada Paz Total no logró contener la expansión de los grupos armados ni disipar la sensación de abandono en los territorios.
El próximo presidente heredará una Colombia con menos pobreza y una economía en crecimiento, aparentemente sí, pero también con homicidios al alza, más coca, extorsión, secuestro y disputas criminales por rentas ilegales. Esa contradicción será el verdadero examen del nuevo gobierno, ya que no bastará con exhibir cifras sociales si amplias zonas del país siguen sintiendo que la autoridad fue reemplazada por estructuras armadas.
En salud, la preocupación es igual de delicada. BBC Mundo recuerda que, según Invamer, el 72 % de los colombianos cree que el próximo presidente debe enfocarse en la calidad y cobertura del sistema. La discusión ya no es solo ideológica, ni se reduce a EPS sí o EPS no. El problema real está en la experiencia diaria de los ciudadanos: citas que no llegan, medicamentos que se niegan y pacientes obligados a convertir la tutela en ventanilla de atención.
La Colombia que recibirá quien llegue a la Casa de Nariño el 7 de agosto será un país partido entre avances sociales y retrocesos institucionales. El próximo presidente no podrá gobernar solo con narrativa, ni con rabia, ni con nostalgia; tendrá que responder una pregunta que hoy pesa más que cualquier discurso de campaña: ¿cómo se gobierna un país que redujo pobreza, pero aumentó miedo?




