El Partido de la U decidió mover una de sus fichas más reconocidas hacia un escenario menos visible, pero quizá más poderoso que una curul en el Congreso, y es que postuló al exsenador antioqueño Juan Felipe Lemos Uribe como candidato a magistrado del Consejo Nacional Electoral.
Lemos no consiguió conservar su escaño en las elecciones legislativas de 2026, pero su carrera política podría continuar ahora desde el organismo encargado de vigilar a los mismos partidos, campañas y candidatos con los que hasta hace poco competía.
El CNE está integrado por nueve magistrados, elegidos durante cuatro años por el Congreso en pleno, previa postulación de los partidos y mediante el sistema de cifra repartidora.
Esta no es una tarea menor puesto que vigilan la financiación y la publicidad de las campañas, investigan posibles infracciones, pueden imponer sanciones, resuelven reclamaciones electorales y deciden sobre la personería jurídica de los partidos. Es decir, aunque sus integrantes no aparezcan todos los días ante las cámaras, tienen en sus manos decisiones capaces de cambiar el rumbo político del país.
La candidatura de Lemos revela, además, que en la política colombiana perder una elección no siempre significa perder poder. Para La U, llevar a uno de sus dirigentes al CNE representa la posibilidad de mantener voz e influencia dentro de la autoridad que controla el juego electoral.
Sin embargo, la postulación no garantiza su elección, por lo que el exsenador necesitará votos suficientes en el Congreso, lo que obligará a su partido a construir acuerdos y posiblemente a negociar con otras colectividades la distribución de los nueve puestos.
Si bien Lemos conoce la política desde adentro, habrá que ver si logra tomar distancia de ella para ejercer como árbitro, ya que el hombre que hasta hace pocos meses pedía votos, defendía los intereses de su partido y disputaba una curul podría terminar revisando cuentas, reclamaciones y actuaciones de quienes fueron sus aliados o adversarios.




