Andrés Julián Rendón anunció que no girará recursos al Hospital San Vicente de Paúl de Caldas mientras Juan Carlos Sánchez Fernández continúe como gerente.
Su argumento, divulgado este 19 de octubre, es la desconfianza sobre el manejo del dinero. Pero el gobernador reconoció un detalle que incomoda su posición de denunciante y que fue él mismo quien lo nombró en el cargo.
Las sospechas tienen un antecedente institucional concreto, ya que el 26 de septiembre, la Procuraduría informó la apertura de actuaciones por presuntas irregularidades contractuales superiores a $2.044 millones. Entre los asuntos examinados figuran contrataciones que habrían requerido autorización de la junta directiva y equipos biomédicos que, según el organismo, no estarían funcionando por falta de personal.
En términos políticos, marcar distancia puede ayudar al mandatario a defender su imagen de vigilante del erario, pero también puede devolverle el problema con el interrogante de por medio sobre ¿qué evaluación respaldó la designación y cómo funcionaron los controles posteriores?.
Esa responsabilidad no equivale a atribuirle las presuntas actuaciones del gerente; sí obliga a examinar la calidad de sus decisiones y de la vigilancia institucional. La indignación pública puede ser legítima, pero no reemplaza la rendición de cuentas. Para determinar, además, qué recursos podrían suspenderse legalmente, hace falta conocer su origen, destinación, obligaciones asociadas y el fundamento administrativo de la medida anunciada.
El costo político dependerá de lo que ocurra después del pronunciamiento. Si la Gobernación consigue proteger los recursos y asegurar la atención, podrá mostrar capacidad de corrección. Si la disputa termina afectando servicios, trabajadores o proveedores, la pregunta dejará de ser únicamente quién administró mal y pasará a incluir quién permitió agravar el problema.
Corresponde explicar cómo se garantizará la continuidad asistencial mientras actúan las autoridades competentes. Los pacientes no participaron en el nombramiento y difícilmente aceptarían que la factura de aquella decisión llegue ahora a la puerta del hospital.



