“Hay quienes favorecen terroristas…”: Pinzón sube el tono y pone a Antioquia en vitrina

Desde Puerto Berrío, Antioquia, el exministro endurece su narrativa de orden mientras los secuestros y la extorsión vuelven a crecer y la política se alista para la consulta del 8 de marzo.

Juan Carlos Pinzón, precandidato presidencial y exministro de Defensa, escogió el Magdalena Medio para ponerle volumen a una palabra que en campaña suele servirlo todo y es seguridad.

Frente a un auditorio local y con el país escuchando de reojo, el exfuncionario describió un deterioro que —según él— ya se siente en la región: “Con tristeza veo que la situación se viene deteriorando como en todo el país, estamos en la peor crisis de seguridad en 30 años. Aquí en el Magdalena Medio hay grupos de criminales y se han comenzado a ver secuestros y extorsiones. Necesitamos seguridad y orden para poder avanzar. Si no actuamos ya, vamos a perder nuestra patria”.

El mensaje no se quedó en el diagnóstico. Pinzón fue por el paquete completo de autoridad, Fuerza Pública fortalecida y una narrativa que divide el mapa político entre los que combaten y los que toleran. En su intervención, aseguró que la seguridad es la condición básica para reactivar economía y confianza en regiones donde la vida productiva depende, muchas veces, de la tranquilidad en carreteras, veredas y corredores comerciales.

La arquitectura del discurso fue directa, pues dijo que donde hay miedo, no hay inversión. “Para que el país tenga prosperidad, más empleos, para que la gente pueda vender sus cultivos y para que el país coma carne de la que produce en las sabanas del Magdalena Medio, necesitamos recuperar la seguridad. Donde hay miedo no llega el capital”.

En cuanto al rol de las Fuerzas Armadas, Pinzón sostuvo que la seguridad comienza con su fortalecimiento y reclamó un marco de respaldo a los uniformados: “Colombia necesita volver a tener las Fuerzas Armadas más fuertes del continente y que puedan tener seguridad jurídica, porque hoy a nuestros militares los meten presos por nada y a los bandidos les dan solo beneficios”.

Pinzón propone un giro hacia el músculo del Estado, con la premisa de que el país no está perdiendo por falta de armas o pie de fuerza, sino por falta de decisión y respaldo político.

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En otro tramo de su intervención, Pinzón apeló a su biografía para legitimar autoridad y cercanía territorial, afirmó que “Desde niñito, por la vida de soldado de mi padre, viví en siete ciudades y regiones de Colombia y conozco todos los departamentos del país. A mí Colombia no me la cuentan por televisión ni en YouTube. La he vivido, la he sentido y he estado en los sitios donde ocurren los actos más violentos para darle duro a los bandidos”.

Manifestó, además: “Mi obsesión es recuperar la seguridad del país, pero aquí en Colombia hay gente que favorece terroristas y otros que han defendido bandidos”. Y luego: “Lo único que yo he hecho es perseguir bandidos, criminales, sin miedo, sin cuartel, sin descanso, con amor por el país, en el marco de la ley. No puede ser que haya gente que recibe dinero de bandidos y es como si nada”.

No es casual el escenario. Puerto Berrío está en un corredor que históricamente ha sido punto de disputa por rentas ilegales y control territorial, y además funciona como termómetro de lo que se vive en el Magdalena Medio antioqueño. Cuando Pinzón habla desde allí de secuestro y extorsión, no solo describe un fenómeno sino que busca apropiarse de la narrativa del miedo y transformarla en plataforma electoral.

Su llamado final fue una especie de ultimátum: si el país no reacciona, “vamos a perder nuestra patria”.

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