¿Hasta dónde llegará Petro para que Cepeda no pierda la segunda vuelta?

La segunda vuelta no solo enfrentará a Abelardo De La Espriella e Iván Cepeda, también pondrá a prueba si el petrismo está dispuesto a aceptar que el poder se puede perder en las urnas.

La segunda vuelta presidencial no comenzó con propuestas, sino con sospechas. La ventaja de Abelardo De La Espriella sobre Iván Cepeda en la primera vuelta cambió el tono del petrismo que pasó de la confianza en las encuestas se pasó a la tensión por los resultados, a las dudas sobre el preconteo y a la necesidad de explicar si el presidente Gustavo Petro renunciaría o no para meterse de lleno en la campaña.

Que la Casa de Nariño haya tenido que salir a negar esa posibilidad no es un dato menor, pues cuando un rumor obliga al poder a responder, es porque la conversación pública ya empezó a instalar una pregunta incómoda.

El punto de fondo no es si Petro puede tener una preferencia política, sino hasta dónde puede llegar un presidente en ejercicio para defender su proyecto. Sus cuestionamientos sobre posibles irregularidades electorales alimentaron un clima de desconfianza, aunque la Registraduría y observadores internacionales han señalado que no hay evidencias concluyentes de fraude y que el escrutinio ha sido consistente con el preconteo. Esa diferencia es clave, puesto que una cosa es pedir garantías y otra muy distinta es sembrar la idea de que sólo un resultado favorable al oficialismo sería legítimo.

A esa tensión se suma la suspensión provisional del embajador Alfredo Saade por presunta participación indebida en política. El caso funciona como síntoma de algo más profundo cuando sectores cercanos al Gobierno parecen moverse como si la segunda vuelta no fuera una competencia electoral, sino una batalla por la supervivencia del proyecto político. Ahí nace la suspicacia: si desde cargos públicos se cruza la línea entre función institucional y militancia, ¿qué otras fronteras podrían intentar empujarse en los próximos días?

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Cepeda también queda bajo observación. Después de una campaña en la que evitó ciertos escenarios de confrontación, ahora llama a debatir con De La Espriella y busca recuperar iniciativa política. Además, su crítica al uso electoral de la camiseta de la Selección Colombia puede tener sentido desde lo simbólico, pero también corre el riesgo de parecer secundaria frente a las preocupaciones más urgentes del país como lo son seguridad, economía, empleo, orden institucional y gobernabilidad.

En una segunda vuelta tan estrecha, cada gesto comunica; y la serenidad democrática vale tanto como la capacidad de atacar al adversario.

Por eso Abelardo tiene que estar atento, pero no sólo a Petro, también a su propio tono, a sus aliados y a la tentación de convertir la vigilancia electoral en una narrativa anticipada de fraude. La democracia necesita ojos abiertos, sí, pero también responsabilidad.

Si el petrismo insiste en cuestionar el terreno electoral y la oposición responde con una sospecha permanente, el país puede llegar al 21 de junio no sólo dividido entre dos candidatos, sino atrapado en una pregunta peligrosa y es ¿están los líderes preparados para aceptar el resultado, incluso si pierden?

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