Uribismo eligió candidata… y enseguida pidió auditoría: la novela Paloma Valencia

El Centro Democrático ungió a Paloma Valencia Laserna como su candidata presidencial para 2026 y, en un giro digno de manual criollo, el primer mensaje de unidad vino con letra chiquita: publiquen los resultados y la auditoría.

El director del partido, Gabriel Vallejo, anunció que Valencia ganó un proceso interno soportado en dos mediciones —una encuesta nacional web y una consulta a militantes— y pidió cerrar filas. Pero el cierre de filas duró lo que tarda un micrófono en encenderse. A las pocas horas, desde adentro aparecieron exigencias de transparencia como si el partido acabara de descubrir, con sorpresa genuina, que los números también se pueden mirar.

La senadora María Fernanda Cabal, competidora directa en esa misma disputa, pidió que se hicieran públicos los resultados completos y la auditoría del proceso con el argumento “por la transparencia que exige la democracia… que todo colombiano pueda saber que esto se hizo bien”. El mensaje fue diplomático, sí; pero el subtexto fue un golpe seco: si todo estaba tan “claro”, ¿por qué no mostrar la ficha técnica desde el minuto uno?

Y como a la política le gusta el teatro con utilería, el partido terminó publicando los resultados este 16 de diciembre de 2025, presentándolo como un ejercicio de transparencia.

Según lo divulgado, el proceso tuvo dos carriles, una encuesta nacional web con la multinacional Cadem de Chile) con una muestra de 2.109 entrevistas autoadministradas vía web, margen de error 2,5 % y confianza 95 %. En la pregunta de intención de voto dentro de una consulta interna, Paloma Valencia obtuvo 17 %, Cabal 11 % y Paola Holguín 8 %.

En la medición a militantes con la encuestadora Panel Ciudadano, la consulta a una base de militancia con 2.255 votos válidos de 2.323 respuestas, en la que Valencia sacó 45 %, Cabal 37 % y Holguín 16 %.

Hasta aquí, el libreto institucional suena normal. El problema es el detalle político, pues si la diferencia interna fue estrecha (45 vs 37), la legitimidad ya no depende solo de ganar, sino de convencer a la base de que el mecanismo no se cocinó en una sala cerrada con WiFi prestado.

Mientras Cabal pedía auditoría, otros salieron a blindar la victoria con tono épico. El representante Andrés Forero lo escribió sin rodeos en su cuenta de X, en la que dijo: “Trabajaremos sin descanso para que Paloma sea la primera mujer presidente de Colombia”.

El detalle es que ese entusiasmo convive con una realidad incómoda con un partido que ha hecho carrera denunciando ‘jugaditas’ terminó metido en una discusión interna sobre transparencia de su propia encuesta.

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Fuera del Centro Democrático, el episodio se leyó como anticipo de lo que viene: coaliciones, consultas, encuestas grandes, y esa palabra elástica que sirve para todo: unidad. El propio Iván Duque felicitó a Valencia y habló de construir unidad en la oposición.

Juan Daniel Oviedo, por su parte, intentó poner el listón en debate de ideas con una frase de manual de convivencia: “Menos enemigos políticos, ¡MÁS PAÍS!”. ([X (formerly Twitter)][6])

Y Abelardo de la Espriella, que nunca desaprovecha una cámara, felicitó y de paso le mandó recado a Cabal: “hay más futuro que pasado, generala”.

Aquí todos saludan, todos se acomodan, y nadie quiere quedar por fuera de la foto si la derecha termina decidiendo candidato en una gran consulta o en otra “encuesta salvadora”.

Desde el entorno del exalcalde Daniel Quintero, el jefe de debate Juan David Duque se fue por la vía rápida, atacó a Valencia en X y la vinculó con su oposición a un bono para adultos mayores. Es el golpe clásico de menos discusión de método, más polarización emocional.

Porque en campaña, ya se sabe, la encuesta se discute hasta que llega el tema perfecto para incendiar redes.

Lo realmente grave no es la encuesta… es la grieta

El Centro Democrático no solo eligió candidata sino que abrió una conversación pública sobre su propio mecanismo de decisión justo cuando intenta vender liderazgo y orden frente al país. Y lo hizo en un contexto en el que la derecha viene golpeada por episodios de violencia política que marcaron el calendario (incluido el atentado y posterior muerte del senador Miguel Uribe Turbay en 2025, un hecho que reconfiguró tensiones y narrativas dentro del sector).

Entonces, el punto no es si Paloma Valencia ganó (ganó). El punto es si el uribismo puede convertir victoria interna en autoridad externa sin que cada paso venga acompañado de sospecha, reclamo y comunicado aclaratorio.

Porque si para “cerrar filas” primero hay que pedir auditoría, publicar fichas técnicas a presión y apagar incendios en X… tal vez el problema nunca fue la encuesta.

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