Cabal estrena partido y le cobra cuentas a Uribe

La exsenadora asumirá el liderazgo del Partido Republicano, heredero de la Liga de Rodolfo Hernández, con la mira puesta en las elecciones regionales de 2027 y en una candidatura presidencial para 2030.

María Fernanda Cabal no creó un partido desde cero, pero sí encontró una estructura jurídica lista para empezar a competir.

Apenas dos días después de renunciar al Centro Democrático, oficializó su llegada como primera militante y principal figura del Partido Republicano, el nuevo nombre de la Liga de Gobernantes Anticorrupción fundada por Rodolfo Hernández.

El cambio ya había sido autorizado por el Consejo Nacional Electoral y le permite a Cabal contar con personería jurídica y capacidad para entregar avales en 2027, sin recorrer el largo camino de recoger firmas y obtener reconocimiento electoral y esta estrategia, más que el nacimiento espontáneo de una colectividad, parece una operación práctica: tomar un partido con papeles, cambiarle la identidad y ponerlo al servicio de un nuevo liderazgo.

Sin embargo, Cabal acusa directamente a Álvaro Uribe de haberle cerrado el camino hacia la candidatura presidencial de 2026 y sostiene que Abelardo De La Espriella terminó ocupando el lugar que el expresidente no le permitió disputar.

También cuestiona que Uribe moviera al Centro Democrático hacia el centro y respaldara finalmente a Paloma Valencia, pese a que ella se consideraba una candidata “inderrotable”. La crítica revela una herida política más profunda y es que Cabal no solo sintió que perdió una consulta, sino que la jefatura histórica del uribismo nunca estuvo dispuesta a entregarle el control de la sucesión.

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Su renuncia terminó de confirmar esa fractura, ya que Cabal había solicitado desde agosto una escisión que le permitiera construir un proyecto independiente sin desconocer su historia dentro del Centro Democrático, pero aseguró que nunca recibió respuesta.

Ahora proclama que no quiere ‘jefes’, anuncia que dará avales en las regionales de 2027 y mantiene abierta su aspiración presidencial para 2030. El Partido Republicano será la prueba para establecer si María Fernanda Cabal posee una fuerza propia o si buena parte de su reconocimiento todavía depende del apellido político de Uribe, al que cuestiona mientras continúa reivindicando su legado.

La consecuencia inmediata es una derecha cada vez más fragmentada y una disputa abierta por el electorado que durante años obedeció casi sin discusión al Centro Democrático. Cabal intentará conquistar el sector más radical; De La Espriella conservará el poder nacional y su propia organización; mientras Uribe mantiene una bancada decisiva, pero ya no controla todos los caminos de su antigua familia política.

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