La llegada de Carolina Corcho al Senado para el periodo 2026-2030 comenzó a caminar por terreno judicial, ahora que la Sección Quinta del Consejo de Estado admitió una demanda de nulidad electoral contra su elección, presentada por el veedor Juan Carlos Calderón España.
La admisión no significa que Corcho haya perdido la curul ni que las presuntas irregularidades estén demostradas, pero sí obliga a revisar el procedimiento mediante el cual terminó encabezando la lista del Pacto Histórico, es decir, la exministra todavía no tiene un pie fuera del Congreso, aunque su credencial ya dejó de estar completamente tranquila.
El punto más incómodo está en la forma como fue construida su candidatura, pues según la demanda, Corcho no participó en la consulta interna del 26 de octubre de 2025 que definió la lista al Senado, pero cuatro días después fue designada como cabeza de lista por el Comité Político de la colectividad.
La exministra había obtenido 678.962 votos en la consulta presidencial y utilizó ese respaldo para defender su legitimidad política; sin embargo, una cosa es tener capital electoral y otra convertirlo automáticamente en el primer puesto de una lista distinta.
El problema, además, podría superar la curul de Corcho, ya que la demanda principal solicita revisar la elección de los 25 senadores del Pacto Histórico bajo el argumento de que la lista inscrita no habría respetado completamente el orden definido en la consulta ni las reglas de alternancia de género.
Solo de manera subsidiaria se pide examinar específicamente la credencial de la exministra, por eso, el proceso no es únicamente un dolor de cabeza personal sino que puede convertirse en una prueba sobre la democracia interna de una colectividad que llegó al poder prometiendo transformar las costumbres políticas, pero que ahora deberá explicar si acomodó su lista con prácticas bastante conocidas en los partidos tradicionales.
Será el Consejo de Estado el que determine si existieron irregularidades capaces de afectar una o varias credenciales; mientras llega esa decisión, Carolina Corcho conserva plenamente su condición de senadora y el Pacto Histórico puede ejercer su defensa.
Al final, el verdadero enredo no consiste solamente en saber quién conservará una curul, sino en establecer si el prometido gobierno de las bases terminó recurriendo al mismo bolígrafo que tantas veces dijo combatir.




