La nueva encuesta de AtlasIntel no solo movió nombres, movió el clima político. Iván Cepeda sigue encabezando la intención de voto en primera vuelta, pero el dato que realmente sacude la campaña está en que tanto Abelardo de la Espriella como Paloma Valencia aparecerían hoy con capacidad de derrotarlo en una eventual segunda vuelta.
🇨🇴ENCUESTA ATLAS/SEMANA
Cepeda crece 2,8pp y Espriella subió 0,4pp, mientras que Paloma Valencia creció 6,1pp en el último mes, alcanzando casi el 23% de la intención de voto en la 1ª vuelta.
🔴Cepeda 37,8%
🟠de la Espriella 27,2%
🔵Valencia 22,9%
🟢Fajardo 5% pic.twitter.com/8GkYmUlclj— AtlasIntel ESP (@AtlasIntelESP) April 9, 2026
Lo que empieza a dibujarse es un país partido en dos, con una polarización cada vez más útil para la derecha y cada vez más riesgosa para el petrismo. La lectura es incómoda para el oficialismo, puesto que liderar ya no garantiza ganar.
En ese tablero, el crecimiento de De La Espriella no puede leerse solo como resultado de una campaña sólida o de una estructura política consolidada, sino como expresión de un momento donde la confrontación vende más que la propuesta y donde el antipetrismo empieza a funcionar como pegante electoral. El abogado no lidera porque haya construido el proyecto más robusto, sino porque encarna con eficacia una rabia que hoy tiene mercado. Y eso explica por qué cada choque con Gustavo Petro, lejos de debilitarlo, termina dándole centralidad.
Pero aquí hay un movimiento aún más de fondo, y es que la encuesta también sugiere que la derecha dejó de ser un archipiélago de candidaturas dispersas y empieza a parecerse a una opción real de poder.
La polarización está al rojo vivo y ese ambiente favorece a quienes logren canalizar el deseo de ‘recuperar’ la Casa de Nariño; no porque haya una unidad perfecta, sino porque el desgaste del Gobierno, la tensión con la seguridad, la economía y la fatiga frente al estilo de Petro están empujando a muchos votantes a mirar hacia la otra orilla, aunque todavía no sepan con cuál nombre quedarse.
Eso también le mete presión a Paloma Valencia porque, si bien sigue creciendo y consolidándose como figura fuerte del bloque opositor, la encuesta deja planteada una competencia feroz dentro de la propia derecha. No se trata solo de quién representa mejor unas ideas, sino de quién parece más capaz de derrotar al candidato del Pacto Histórico.
En esa lógica, la campaña empieza a parecer menos una discusión programática y más una subasta de viabilidad electoral y en una contienda así, el que mejor capitalice el miedo, el hastío y la necesidad de revancha política corre con ventaja.
Al final, el ascenso de De la Espriella no confirma todavía una victoria, pero sí revela algo más profundo que es la fase en la que está entrando Colombia en la que la elección podría definirse menos por adhesión entusiasta y más por rechazo acumulado.
Si ese termina siendo el motor principal, la derecha tendrá razones para ilusionarse, pero el país motivos de sobra para preocuparse. Porque cuando una democracia vota más por rabia que por convicción, lo que llega al poder no siempre es el mejor proyecto, a veces solo es el mejor intérprete del enojo.




