Comfenalco Antioquia empieza a salir de uno de los capítulos administrativos más complejos de su historia reciente. Después de cerca de tres años bajo intervención, el levantamiento de la medida abre el camino para recuperar plenamente su gobierno corporativo y devuelve al centro una pregunta que no debería pasar inadvertida: ¿quiénes y bajo qué intereses conducirán ahora una de las cajas de compensación más importantes de Antioquia?.
La llegada de Francisco Javier Duque Ossa como director administrativo encargado ocurre justamente en esa frontera entre una entidad que estuvo sometida a vigilancia extraordinaria y otra que deberá demostrar que puede recuperar su autonomía sin convertir la transición en escenario de cuotas, presiones o disputas políticas.
Duque Ossa ha planteado una administración de carácter técnico y su mensaje inicial apunta a “hacerse cargo del presente” y transmitir tranquilidad. Es precisamente ahí donde estará la primera prueba, pues el levantamiento de una intervención no significa que todos los interrogantes desaparezcan automáticamente.
El proceso institucional solo estará verdaderamente consolidado cuando se restablezca el gobierno corporativo y el nuevo Consejo Directivo, integrado por representantes de empresarios y trabajadores, pueda ejercer las funciones que le corresponden.
Hasta entonces habrá una transición especialmente sensible y Antioquia debería mirar con atención no solamente los nombres que lleguen a esas posiciones, sino los procedimientos, sectores e intereses que estén detrás de su conformación.
Hay, sin embargo, un elemento que obliga a separar la discusión administrativa de la realidad operacional de la Caja y es que Comfenalco no aparece como una institución paralizada ni financieramente derrotada. Durante el periodo de intervención mantuvo sus servicios, aumentó su presencia y continuó atendiendo a empresas, trabajadores y familias mediante subsidios, programas educativos, empleo, cultura y otras líneas sociales.
Esa fortaleza cambia incluso el tamaño de la discusión, ya que lo que está en juego no es simplemente administrar una organización que sale de una crisis de gobierno, sino conducir una entidad con recursos, patrimonio social, capacidad territorial y una enorme influencia sobre el bienestar de miles de antioqueños.
Por eso el verdadero examen para Francisco Javier Duque Ossa apenas comienza y su mayor reto es recuperar la confianza que exige mucho más que anunciar normalidad; esto supone blindar a Comfenalco Antioquia de cualquier intento de captura burocrática, empresarial o política, garantizar transparencia en la reconstrucción de su gobierno corporativo y explicar públicamente cada paso relevante de la transición.
Si la intervención llegó a su final, la siguiente etapa debería tener todavía más vigilancia ciudadana, no menos, porque después de casi tres años de excepcionalidad administrativa, Antioquia necesita saber que Comfenalco volvió efectivamente a sus afiliados y a sus órganos estatutarios, y no que simplemente cambió quién tiene las llaves.




