En una misma jornada, el CNE le cerró la puerta a Iván Cepeda para competir en la consulta interpartidista del 8 de marzo, cuando era el nombre con mejor respaldo relativo en el universo progresista y, como efecto dominó, el Pacto Histórico formalizó el retiro de esa consulta y anunció ruta de inscripción directa a primera vuelta.
Mientras Cepeda queda por fuera, el CNE revive a Daniel Quintero y lo habilita para esa misma consulta con una votación reportada de 7–1, revirtiendo el freno previo de la Registraduría. En política, las formas también son fondo; el mensaje que circula, y prende gasolina en redes, es que el árbitro no pita igual para todos.
Cepeda ya llevó la pelea al terreno que más ruido hace, la judicialización. Anunció denuncias-acciones penales contra un magistrado y un conjuez por la decisión, lo que sube el costo político del fallo y convirte el episodio en combustible de campaña con un mensaje de no es solo “me sacaron” sino que “me sacaron injustamente”.
La izquierda cambia el debate programático por el relato de persecución y legitimidad del árbitro, justo cuando necesitaba ordenar su baraja.
La consecuencia interna es una izquierda en doble carril: Cepeda por fuera de la consulta, y adentro una constelación que incluye a Roy Barreras y ahora a Quintero, con liderazgos pidiéndole a Barreras que se baje para no pulverizar el voto.
Barreras se resiste y defiende la consulta como legitimidad, pero en el progresismo ya suena a excusa de supervivencia política, si el mecanismo unitario se queda sin su candidato más fuerte, deja de ser unidad y se vuelve trámite. Y el petrismo, según lecturas regionales, entra en modo guerra interna cuando más vulnerable está.
Con la izquierda ocupada en pelear por el tarjetón y por el árbitro, la lectura más fría es la que ya asoma en análisis nacionales que habla de que la derecha gana oxígeno si el progresismo llega dividido al arranque formal, porque la campaña empieza con una izquierda discutiendo quién tiene derecho a competir, no quién tiene la mejor propuesta para gobernar.






