Los que se montaron al anuncio no fueron solo voceros sino candidatos al Senado y a la Cámara, concejales y diputados, es decir, la estructura territorial de Creemos, lo que equivale a entregar algo más valioso que un comunicado como lo es la capacidad de movilización, redes barriales y una lista que necesita tracción nacional.
La candidatura de De La Espriella, por su parte, gana un activo escaso que es la marca Medellín-Antioquia como ‘modelo de gestión’ y una puerta de entrada a una región que históricamente pesa en las coaliciones de segunda vuelta.
Sin embargo, este respaldo apunta a un tablero regional más grande, mientras De la Espriella venía de mostrar respaldo de la Casa Char en Barranquilla, con Creemos suma el otro gran nodo urbano donde el voto de opinión y las maquinarias locales suelen dialogar, a veces con fricción, en campañas nacionales. Esto sugiere un intento de armar una columna vertebral Caribe–Antioquia capaz de competir por hegemonía dentro del universo conservador, en momentos en que el uribismo tradicional busca recomponerse y las derechas se fragmentan.
La adhesión que se dio a conocer este miércoles, 28 de enero, es clave para Fico porque cumple tres funciones simultáneas. En primer lugar convierte a Gutiérrez en gran elector que, sin ser candidato, puede incidir en el menú presidencial; segundo, protege la inversión política de su alcaldía si se consolida en el Congreso tendrá interlocución nacional y capacidad para defender la agenda local en seguridad, infraestructura y recursos); y tercero, envía un mensaje interno que es que Creemos negocia desde su propia franquicia y no se diluye en otras marcas.
De otro lado, el movimiento también asume riesgos al ser De la Espriella una figura altamente polarizante y con controversias públicas que pueden convertirse en costo reputacional para aliados, pero justamente ahí se entiende la apuesta, ya que Creemos parece calcular que, en un ciclo de polarización, el premio de ‘montarse temprano’ con un candidato en ascenso puede superar el desgaste. La adhesión, en suma, es menos sobre simpatías y más sobre poder. Con esta actuación se mide quién manda en la derecha, quién arma lista y quién llega a 2026 con capacidad real de negociación.






