Paloma Valencia cerró este 8 de marzo con un dato que ya no se puede maquillar, su victoria en la Gran Consulta por Colombia no fue simbólica ni decorativa, pues obtuvo 2.817.938 votos; además, esa consulta concentró el 82,85 % de toda la participación en las interpartidistas, muy por encima de la Consulta de las Soluciones y del Frente por la Vida.
La dimensión política del dato se entiende mejor cuando se compara con el umbral real del poder. En la primera vuelta presidencial de 2022, Rodolfo Hernández pasó al balotaje con 5.965.531 votos, mientras Gustavo Petro lideró con 8.542.020. Es decir, los 2,8 millones de Paloma ya equivalen a casi la mitad del piso que necesitó entonces un candidato para meterse a la segunda vuelta.
No alcanza para cantar victoria presidencial, claro, pero sí para dejar de tratarla como una aspirante de nicho. Lo más serio para sus competidores es que esa fuerza no apareció de la nada. Antes de la jornada, la encuesta de Invamer ya mostraba que Paloma había escalado al 10 % de intención de voto nacional, después de venir de apenas 1,1 % en noviembre.
En esa misma medición, Iván Cepeda encabezaba con 37,1 %, Abelardo De La Espriella marcaba 18,9 %, Claudia López 11,7 % y Sergio Fajardo 6,6 %. El dato duro es que mientras otros candidatos siguen vendiendo expectativa, Paloma ya sumó dos cosas que rara vez coinciden en política colombiana como son crecimiento en encuestas y demostración electoral el mismo mes.
Ahí es donde comienza la presión para los demás. Abelardo De La Espriella sigue por encima de Paloma en intención de voto, pero la senadora ya le puso sobre la mesa un activo que él todavía no exhibe con la misma contundencia: votos contados hoy, en urnas, con estructura y con coalición movilizada.
Claudia López ganó su consulta, sí, pero con 501.344 votos, muy lejos del volumen de Valencia. Roy Barreras se impuso en el Frente por la Vida con 220.862, mientras Daniel Quintero quedó en 197.956. En otras palabras, Paloma sola sacó más que Claudia y Roy juntos por un margen abrumador. Ese contraste obliga a una conclusión incómoda que es que la derecha y la centroderecha llegaron a mayo más ordenadas que el centro y que el petrismo satélite.
Por eso la discusión de aquí a la primera vuelta del 31 de mayo deja de ser ideológica y pasó a ser aritmética. Si Iván Cepeda quiere sostener el liderazgo que hoy le dan las encuestas, necesita evitar que su bloque se le fracture alrededor de aventuras paralelas.
Si Claudia López, Sergio Fajardo, Juan Fernando Cristo, Luis Gilberto Murillo y otros sectores de centro pretenden competir de verdad, tienen que entender que la atomización ya dejó de ser una pose elegante y se convirtió en una torpeza electoral.
Incluso Juan Daniel Oviedo, que dio la sorpresa con más de un millón de votos y más del 17 % dentro de la Gran Consulta, terminó reforzando el tamaño del universo político que rodeó a Paloma en la jornada.
La señal de hoy es bastante más áspera de lo que algunos quisieran admitir. Paloma Valencia todavía no es favorita nacional, porque en esa foto siguen arriba Cepeda y Abelardo. Pero ya demostró que tiene un punto de partida que muchos subestimaron y que varios de sus rivales ni siquiera han conseguido construir.
La política colombiana suele premiar a quien concentra y castigar a quien dispersa. Y esta noche, mientras los otros siguen administrando egos, cálculos y candidaturas de laboratorio, Paloma ya arrancó mayo con medio tanque lleno. El resto, si quiere competirle, tendrá que dejar la vanidad y empezar a sumar en serio.






